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20-5-2004
30 años de la muerte del Padre Carlos Mujica
Hace 30 años, el 11 de Mayo de 1974 muere Carlos
Mugica asesinado a balazos.
Pero vayamos por partes, Carlos Mugica nace en Libra, como
Peron, el 7 de Octubre de 1930
Carlos Francisco Sergio Mugica Echagüe nació
en Buenos Aires, y fue el tercero de los siete hijos del
matrimonio formado por Adolfo Mugica (ex-diputado conservador
del período 1938-42, y ex-ministro de Relaciones
exteriores del presidente Arturo Frondizi en 1961) y Carmen
Echagüe, hija de terratenientes adinerados de Buenos
Aires.
En su historia personal es importante anotar que a fines
de 1954 comenzó a colaborar pastoralmente con el
padre Iriarte en las misiones a conventillos y casas de
la parroquia Santa Rosa de Lima, de la que éste era
párroco. Su acercamiento e intención de llegar
a esta gente lo marcaría meses más tarde de
un modo definitivo.
El reconoce haber participado "del júbilo orgiástico
de la oligarquía por la caída de Perón.
Una noche fui al conventillo como de costumbre. Tenía
que atravesar un callejón medio a oscuras y de pronto
bajo la luz muy tenue de la única bombita, vi escrito
con tiza y en letras bien grandes: -sin Perón no
hay Patria ni Dios. Abajo los cuervos` (= curas)".
"La gente humilde estaba de duelo, y si la gente humilde
estaba de duelo, entonces yo estaba en la vereda de enfrente.
Conoció a Gustavo Ramus, Fernando Abal Medina y Mario
E. Firmenich, futuros fundadores de la organización
armada peronista "Montoneros". Con ellos, participó
en Santa Fe en una misión rural en 1966. Dos frases
escuchadas por los misioneros marcaron hondo al padre Carlos
y las repetía con frecuencia: una viejita que dijo
a una misionera "A mí, ¿qué me
vienen a hablar de Dios si me estoy muriendo de hambre?;
y un hachero que dijo "yo soy la alpargata del patrón.
Estando en París, Mugica conoció por carta
la existencia -el nacimiento- del Movimiento de Sacerdotes
por el Tercer Mundo (MSTM), y envió su adhesión
incondicional. También inició su colaboración
en el Equipo Intervillas, fundado el 2 de agosto de 1968
gracias a la dedicación de Jorge Goñi, también
cura villero.
Su participación cada vez más activa en el
MSTM lo llevó a agudizar el enfrentamiento con el
Arzobispo coadjutor Juan Carlos Aramburu quien prohibió
a todos los sacerdotes de la Arquidiócesis manifestarse
públicamente en cuestiones políticas (prohibición
que no parecía concernirle a él mismo), y
que causó profunda reacción en varios grupos
sacerdotales como el de Tucumán, aunque el grupo
MSTM Capital obedeció esta orden.
El viernes 2 de julio de 1971, una bomba estalló
en la casa de Gelly y Obes 2230, pero aunque la bomba afectó
edificios y automóviles (la propiedad privada que
tanto defendían los adversarios del P. Carlos), nadie
resultó herido. Fue en este momento que en un reportaje
el P. Carlos pronunció su clásica frase: -Nada
ni nadie me impedirá servir a Jesucristo y a su Iglesia,
luchando junto a los pobres por su Liberación. Si
el Señor me concede el privilegio, que no merezco,
de perder la vida en esta empresa, estoy a su disposición.
Las amenazas continuaron, y dos hombres irrumpieron en el
piso donde se encontraba el cuartito del P. Mugica pero
no pudieron concretar nada ya que éste se encontraba
en un encuentro de los MSTM en Córdoba.
El 11 de mayo, sábado, de 1974, a las 8 y cuarto
de la noche, y cuando Mugica se disponía a subirse
a su coche Renault 4-L azul, matrícula C-542119,
estacionado junto a la iglesia de San Francisco Solano,
en la calle Zelada, 4771, donde había celebrado misa,
fue tiroteado por un individuo con bigotes achinados, que
se bajó de un coche estacionado muy cerca. Este personaje
sería Rodolfo Eduardo Almirón, jefe de la
Triple A, luego jefe de custodia de Manuel Fraga Iribarne,
en España. Cinco disparos, de ametralladora Ingram
M-10, le afectaron el abdomen y el pulmón. El tiro
de gracia lo recibió en la espalda.
Entrevista a Carlos Mugica
Revista 7 Días, Junio de 1972.
Un cura se confiesa
Fue muchas veces señalado como un sacerdote subversivo.
Sin embargo, Carlos Mugica (el polémico capellán
porteño) cree respetar los mandatos de Cristo y descerraja
sus iras contra -las jerarquías clericales comprometidas
con el dinero, el privilegio y el desorden establecido en
todo el país.
Es una ráfaga implacable, un martilleo de palabras,
la lúcida coherencia que se transmite eléctricamente
al gesto en esa permanente y reconcentrada actitud del que
amenaza con violentar todos los esquemas -un dogma, una
religión, una filosofía- pero repentinamente
cede y adopta posiciones expectantes. Rubio, de ojos azules,
pulóver de cuello alto y pantalones negros, no parece
un sacerdote; sólo los libros que trepan por las
paredes de su departamento de un ambiente, en
el barrio de Palermo, en Buenos Aires, denuncian
la presencia de un miembro de la Iglesia Católica.
Es que Carlos Mugica (39, profesor de teología en
las facultades de Economía, Ciencias Políticas
y Derecho de la Universidad del Salvador y capellán
de la parroquia San Francisco Solano, en Villa Luro), a
diferencia de la nueva corriente de sacerdotes católicos,
prefiere ignorar ese halo paternalista, el status privilegiado
que la sociedad se empecina en otorgarle, para dar de sí
-espontáneamente, sin premeditación- la imagen
de lo que cree ser: simplemente un hombre común,
con toda la riqueza y las limitaciones de los seres humanos;
a lo sumo, siente quizá con más profundidad
que sus hermanos -palabra habitual en su vocabulario- una
problemática responsabilidad, ser también
mensajero de sus conflictos.
Pero esa humildad -que se refleja inflexivamente en su manera
de vivir- no le posibilitó soslayar una creciente
popularidad alrededor de su figura. Lo publicaron así
sus declaraciones por radio y televisión (-El socialismo-espetó
en una de las emisiones del programa Tiempo Nuevo, dirigido
por Bernardo Neustadt, en Canal11-es el régimen que
menos contraría la moral cristian"); lo sacaron
del anonimato pronunciamientos tales como el que barbotó
cuando Arturo Illia fue elegido presidente de la Nación:
-Hoy es un día triste para el país -dijo Mugica
el 12 de octubre de 1963-, una parte importante del pueblo
argentino ha sido marginado de los comicios y será
dirigido por un hombre a quien sólo votó el
18 por ciento de los electores.
El fogoso sacerdote reconoce que fue arduo el camino recorrido
para que pudiera recalar, finalmente, en esas posiciones,
no extremas -defiende- sino coherentes con la actual actitud
de un grupo relevante de obispos de la Iglesia Católica.
_Sin embargo, cuando usted eligió ser sacerdote no
enarbolaba las mismas banderas.
_En efecto. Ingresé al seminario hace 18 años,
en 1951, y vivía en esa época, el catolicismo
individualista, fiel al slogan salva tu alma.
_¿Qué significaba para usted ser sacerdote?
_Salvar mi alma, es decir: ir al Cielo, buscar la felicidad,
esa que está en Dios. Evidentemente era bastante
egoísta mi actitud, aunque también entonces
cambió radicalmente mi vida, porque fue cuando descubrí
la alegría de vivir en Dios.
_¿Quién es, qué es Dios?
_Definitivamente, Dios no es una idea sino alguien. Dios
es una persona que se entregó totalmente a mí
y se dejó matar por mí. Para mí Cristo
es mi Señor, mi amigo, mi maestro, mi modelo de vida.
Su entrega tiene un valor especialísimo: Dios es
un ser que en lugar de servirse del hombre se pone al servicio
del hombre y por eso todo hombre que da su vida por los
otros sea un ateo, un marxista, o lo que fuere_, ése,
verdaderamente se une a Cristo.
_¿Quién consolidó en usted el cambio
de actitud que se atribuye?
_Un sacerdote francés, el abate Pierre, de quien
todavía recuerdo una frase decisiva: -Antes de hablarle
de Dios a una persona que no tiene techo es mejor conseguirle
un techo. Es decir que conseguirle techo a una persona ya
es hablarle de Dios. No nos olvidemos que Cristo curaba
a los enfermos, les daba de comer a los que tenían
hambre y de beber a los que tenían sed. Y no lo hacía
: agarrando al hombre por entero. Antes de ingresar en el
seminario yo tenía una visión maniquea de
la existencia. El alma era buena y el cuerpo malo. Eso viene
de Platón, y se metió en la Iglesia con San
Agustín; aún perdura esa concepción,
sobre todo en lo relativo al sexo. Pero estamos viviendo
un amplio proceso de liberación para desterrar esa
actitud individualista del seno de la Iglesia. Antes, como
muchos de mis compañeros que luego también
evolucionaron, yo estaba preocupado por la salvación
de mi alma. Luego empecé a preguntarme ¿por
qué salvar mi alma y no mi cuerpo cuando esa división
no es, precisamente, una actitud cristiana? En la Biblia
no se habla nunca de alma y cuerpo; la Biblia es un libro
muy carnal, muy concreto, en el cual se define al hombre
como polvo que respira.
_¿Qué sucede entonces cuando muere un hombre?
Es decir, ¿no es su alma, según las concepciones
cristianas, la que asciende al Reino de los Cielos?
_Insisto en la falsedad de esa concepción dual. Ningún
teólogo podrá decir nunca que, después
de muerto el hombre, el alma queda flotando en algún
lugar. Es una visión tonta, materialista, de la resurrección.
No sabemos mucho al respecto. Toda imagen que podamos tener
después de la muerte de un hombre es muy pobre. Sabemos,
sí, que vivirá para que después escucharan
el sermón sino porque esa es su manera de amar en
Dios. Y suponemos que eso significa que va a estar presente
como persona en todos los seres.
_Muchos cristianos siguen aferrados a esa concepción
maniquea (alma: buena; cuerpo: malo). Y aún más:
persisten en adoptar la posición que usted calificó
de individualista. ¿A qué se debe?
_ Una visión distorsionada de la realidad. El cristianismo
es esencialmente comunitario. No decimos "padre mío
sino padre nuestro. Para entender claramente esto basta
con acercarse al pueblo. Estar en contacto directo con él.
Cuando yo estaba en el seminario iba a un conventillo de
la calle Catamarca. Allí viví algo muy especial
_ trascendente en mi evolución_; precisamente en
el contacto con los hermanos míos del conventillo
descubrí lo que ahora llamaría el subconsciente
de Buenos Aires. El día que cayó Perón
fui, como siempre al conventillo y encontré escrita
en la puerta esta frase: "Sin Perón no hay patria
ni Dios. Abajo los curas".
Mientras tanto, en el barrio Norte se habían lanzado
a tocar todas las campanas y yo mismo estaba contento con
la caída de Perón. Eso revela la alineación
en que vivía, propia de mi condición social,
de la visión distorsionada de la realidad que yo
tenía entonces, y también la Iglesia en la
que militaba, aunque ya por esa época muchos sacerdotes
vivían en contacto directo con su pueblo. A
_¿Qué papel supone usted que jugó
la Iglesia en ese momento?
_ Pienso que entonces algunos sectores de la Iglesia estaban
identificados con la oligarquía. No digo que la Iglesia
volteó a Perón sino que contribuyó
a voltearlo. Pero pienso que también había
deterioro en las filas peronistas. Creo que el peronismo
perdió fuerza revolucionaria desde la muerte de Evita.
_¿Cuál cree que debe ser su verdadero compromiso
con los argentinos, con su pueblo?
_ Pienso, siguiendo las directivas del Epicospado, que debo
actuar desde el pueblo y con el pueblo: vivir el compromiso
a fondo, conocer las tristezas, las inquietudes, las alegrías
de mi gente a fondo, sentirlas en carne propia. Todos los
días voy a una villa miseria de Retiro, que se llama
Comunicaciones. Allí aprendo y allí enseño
el mensaje de Cristo.
_¿Qué mensaje?
_ Los signos concretos del mensaje de Cristo se pueden detectar
cuando Él dice: -En esto se conocerá que ustedes
son mis amigos, en el amor que se tengan unos a otros. Y
el índice de mi adhesión al mensaje de Jesucristo
es mi amor real, concreto, palpable, por mis hermanos.
_¿Cómo se manifiesta, cómo se materializa
ese amor?
_Es muy significativo que el capítulo 25 del Evangelio
de San Mateo (versículos del 30 al 46) Cristo hable
del Juicio Final en estos términos: "Cuando
el hijo del hombre vuelva con sus ángeles a juzgar
a los hombres los reunirá a todos en su presencia
y va a separar a unos de otros como el pastor separa a las
ovejas de los cabritos. Entonces va a decir a los de su
derecha: vengan conmigo benditos de mi padre". Ahí
se puede pensar, bueno, vengan conmigo benditos de mi padre
porque fueron a pie a Luján, o porque tuvieron mucha
devoción a San Cayetano, o porque hicieron y cumplieron
muchas promesas, o porque dieron limosna a la Iglesia. Pero
Cristo no va a decir eso. Va a decir: -Vengan conmigo, benditos
de mi padre, porque tuve hambre y me dieron de comer, porque
tuve sed y me dieron de beber, porque estuve en la cárcel
y me vinieron a ver, porque estuve enfermo y me curaron,
porque anduve desnudo y me vistieron". Es decir que
en el Día del Juicio Final vamos a encontrar a la
derecha de Dios a mucha gente que jamás pisó
una iglesia y que sin embargo estuvo toda su vida amando
a Jesucristo, porque estuvo amando de una manera eficaz
a su prójimo, a sus hermanos. Y, lo contrario, Cristo
va a decir a los de su izquierda estas palabras terribles:
-Apártense de mí, malditos, al fuego eterno".
¿Por qué? Bueno, ahí podríamos
pensar que porque no hicieron la comunión pascual,
que porque no dieron limosnas. Y sin embargo, no.
Cristo va a decirles: -Yo tuve hambre y no me dieron de
comer, tuve sed y no me dieron de beber, estuve en la cárcel
y no me vinieron a ver... Y lo notable va a ser que algunos
preguntarán: `Pero Señor, ¿cuándo
te vimos con hambre y no te dimos de comer? Y Cristo responderá:
-Cada vez que no lo hicieron con uno de éstos. Y
es en ese terreno donde se manifiesta mi amor, mi compromiso
y el de todo hombre.
_¿Quiénes cree usted que no se comprometen
a ese nivel?
_Aquellos que ven a un tipo sufrir en la villa miseria y
dicen: pobre. Aquellos que se compadecen pero pasan de largo
y siguen viviendo como burgueses. San Agustín fue
muy claro al respecto: -Hay muchos que parece que parece
que están adentro de la Iglesia y sin embargo están
afuera. Es decir: son muchos los que fueron bautizados o
tomaron la comunión pero no tienen amor concreto
por su prójimo. Son cristianos muertos, no son cristianos.
Por eso hay mucha gente que va a comulgar a misa, cree que
comulga pero solamente traga la hostia. Cree que recibe
la comunión y no se da cuenta de lo que eso quiere
decir. Exactamente: común unión. Y si yo voy
a recibir la comunión y soy racista, o sectario,
o un explotador que oprime a su hermano, me dice San Pablo:
"Ingiero el cuerpo del Señor indignamente; me
trago y me bebo mi propia condenación". Porque
vivir en el egoísmo, eso es el pecado. Aquel que
se la pasa contemplándose el ombligo es un pobre
hombre que ya tiene el infierno en vida, que vive en el
pecado.
_¿Qué entiende por pecado?
_ Pecar es negarse a amar. No hay pecado sexual: hay pecado
contra el amor. Uno peca sexualmente cuando utiliza a una
persona como cosa, como objeto. Por eso aquellos que pretenden
decir: -Ah, bueno, pero yo tuve relaciones con una prostituta,
para descargarme..., esos pecan doblemente. Están
contribuyendo con su actitud a mantener un estado de esclavitud,
aunque sea aceptado por la persona a la que esclavizan.
_ Entonces son muchos los cristianos que viven en el
pecado, que no aman.
_ Son todos aquellos que tienen una imagen desfigurada de
Dios. Dios es para ellos el gran súper-yo-castrador
y viven con Él una relación mítica,
supersticiosa, mágica. Para ellos es un Dios que
justifica la inmovilidad, un Dios que permite preguntas
tales como -¿Y? ¿Qué vamos a hacerle
si existen pobres y ricos?. Ése es el Dios que ataca
Marx, ése es el Dios que hace creer a algunos que
la religión es el opio de los pueblos. La verdadera
fe cristiana, la auténtica fe en Cristo hace trizas
esa creencia. Tener fe es amar al prójimo, y eso
me moviliza a fondo, tanto como para dar la vida por mis
hermanos, tanto como para brindarme íntegramente
por ellos.
_ ¿Inclusive hasta el punto de engendrar la violencia
masivamente?
_ Ese es un problema demasiado complejo. Toda violencia
es consecuencia del pecado del hombre, de su egoísmo.
Ahora lo que sucede es esto: en concreto encontramos en
América Latina _ incluso en nuestro país_
una situación de violencia institucionalizada.
Es la violencia del hambre. Como dice Helder Cámara
"El general hambre mata cada día más
hombres que cualquier guerra". Es decir que existe
la violencia del sistema, el desorden establecido. Frente
a este desorden establecido yo, cristiano, tomo conciencia
de que algo hay que hacer y me encuentro entre dos alternativas
igualmente válidas: la de la no violencia en la línea
de Luther King o la de la violencia en la línea del
Che Guevara; hablando en cristiano la violencia en la línea
de Camilo Torres. Y pienso que las dos opciones son legítimas.
Es erróneo tratar de ideologizar el Evangelio. Decir,
por ejemplo, como he oído: Cristo es un guerrillero.
Él, personalmente, no fue violento, sólo en
algunos casos concretos cuando echó, por ejemplo,
a los mercaderes del templo a latigazos. Es decir que Cristo
fue solamente muy violento contra los ricos y los fariseos.
Creo que la versión en cine menos alejada de lo que
Él fue da Pier Paolo Pasolini en su Evangelio según
San Mateo.
_¿Pero cuál es, cuál debe ser la
actitud del cristiano ante lo que usted
llama el desorden establecido, la violencia organizada del
sistema?
_Del Evangelio no podemos sacar en conclusión que
hoy, ante el desorden establecido, el cristiano deba usar
la fuerza. Pero tampoco podemos sacar en conclusión
que no deba usarla. Cualquiera de las dos posiciones significaría
ideologizar el Evangelio, que más que una ideología
es un mensaje de vida. Pasará Marx, pasará
el Che Guevara, pasará Mao, y Cristo quedará.
Por eso pienso que es tan compatible con el Evangelio la
posición de un Luther King como la ideología
de un Camilo Torres.
_¿En cuál de esas tendencias se enrolaría
usted?
_ Se me ocurre que actualmente en la de la no violencia.
Como dijo Monseñor Devoto: -Yo no soy violento, pero
no sé qué va a ser de mí si las cosas
siguen así. Pero ojo: pienso que hay muchos que exaltan
la no violencia ignorando lo que es. Porque Luther King,
uno de sus principales teorizadores, fue asesinado. Es decir:
la no violencia no es quedarse en el molde sino denunciar,
poner bien de manifiesto la existencia de la violencia institucionalizada.
Y para eso también hay que poner el cuero. Pero que
esté claro: si yo ante el desorden establecido enfrento
lo que llamo la contraviolencia y logro reducir la violencia
total, es legítimo que la use. Pero si sólo
exacerbo aún más la violencia del sistema
contra el pueblo, no puedo menos que pensar que es contraproducente
que la utilice.
_Un cristiano, ¿Tiene derecho a matar?
_ No lo sé. Lo que sí está claro es
que tiene la obligación de morir por sus hermanos.
Pienso que tenemos mucho miedo a la violencia por una actitud
individualista. De repente nos escandalizamos porque alguien
puso una bomba en la casa de un oligarca, pero no nos escandalizamos
de que todos los días en las villas miserias o en
el interior del país mueran niños famélicos
porque sus padres ganan sueldos de archimiseria. La idea
fundamental me parece que ésta: el cristiano tiene
que dar la vida por sus hermanos de una manera eficaz. Cada
uno verá de acuerdo con su ideología, de acuerdo
con la valoración particular que haga de la realidad,
con la información que tenga, lo que tiene que hacer.
_¿Cuál debe ser la función de un
sacerdote en países desarrollados como Francia, Inglaterra
o Italia?
_ Sin duda la misma que en la Argentina, en Bolivia o en
Paraguay. También hay explotadores y explotados en
Francia (el subproletariado argelino, el subproletariado
español), hay miseria, hay villas de emergencia.
Yo a esos países los llamo subdesarrollantes, porque
son países que viven de los pobres.
_¿Qué piensa que deben hacer los sacerdotes
en sociedades socialistas?
_Cumplir con su función habitual: enseñar
y amar. Yo no conozco China, pero tengo entendido que allí
hay algo positivo: creo que ahora hay 700 millones de chinos
que tienen pantalones y antes no sabían que era usarlos.
Lo que me preocupa de China es que puede haber algo así
como una especie de imperialismo cultural. Es decir, no
me gusta que los chinos pretendan exportar su modelo de
revolución a todo el mundo. Contra eso tendrían
que combatir los sacerdotes, contra el dogmatismo político.
Con respecto a los llamados países socialistas de
Europa, pienso que son naciones que se encaminan cada día
más rápidamente hacia el capitalismo, precisamente
porque se metieron con corsé en el socialismo. De
todas maneras no me cabe la menor duda de que los pueblos
son los verdaderos artífices de su destino y, aunque
yo personalmente crea que el sistema menos alejado de la
moral y del Evangelio es el socialismo, se me ocurre que
en la Argentina tenemos que hacer nuestra revolución,
nuestro socialismo, que no necesariamente debe adaptarse
a modelos preestablecidos. Además, estoy seguro de
que ese proceso pasa, aquí, por el peronismo.
_¿Cuál debe ser para usted la ingerencia
de la Iglesia en cuestiones económicas y políticas?¿Cómo
justificar el poder económico, las relaciones de
la Iglesia con el dinero?
_ No se trata de justificar sino de analizar. El gran escándalo
del Concilio Vaticano II fue que se tuviera que hablar allí
de la Iglesia de los Pobres, cuando lo natural es que si
la Iglesia viviera de acuerdo con la orientación
clarísima que le dio Jesucristo, de acuerdo a como
fue la Iglesia los primeros siglos, cuando todos poseían
sus bienes en común repartidos según las necesidades
de los fieles, no debería haberse mencionado el asunto.
El cristianismo empieza a degradarse cuando se desarrolla
el espíritu de propiedad, y al reconocerlo Constantino
(año 313) como religión oficial del Imperio,
otorgándole a la Iglesia poder político. Lo
natural, insisto, en el Concilio Vaticano, hubiera sido
que se levantara un obispo y dijera: -Un momento. ¿Por
qué la Iglesia de los Pobres? La Iglesia también
es de los ricos. ¿Por qué? Porque la Iglesia
también tiene que evangelizar a los ricos, entendiendo
por evangelizar a los ricos, ayudarlos a dejar de serlo.
Lo cual no significa que tire todo por la ventana sino que
ponga todos sus bienes al servicio de la comunidad. Es evidente
que es un problema, porque si viene un empresario católico
y me dice: -Yo que me convertí, padre, yo quiero
realmente vivir el Evangelio, no me queda otro remedio que
contestarle que cambie radicalmente el enfoque de su empresa,
dándole participación efectiva en las ganancias
a todos sus trabajadores. Claro, así la empresa se
va a fundir en 15 días porque la competencia la mata.
Entonces la otra respuesta para un empresario que quiera
vivir realmente el Evangelio está en que se platee
seriamente el problema de la revolución.
_Eso es lo mismo que dejar de ser empresario.
_No necesariamente. Si Alberto José Armando (empresario
y presidente del Club Boca Juniors) viene a mí y
me dice -yo quiero cambiar le contesto que bueno, que le
saque todo el jugo a los capitalistas que lo rodean y que
con su fabulosas inventiva le cree al pueblo situaciones
en las que pueda ser realmente protagonista de su destino.
_A usted se lo acusa de pregonar una filosofía
de vida casi rayana en el ascetismo, que no coincide con
su manera de vivir, más acorde -se dice- con hombres
de su misma extracción social.
_ Usted ve donde vivo: es un cuarto en una terraza de una
casa de departamentos bacana, pero un cuarto al fin. Además
es cierto: yo soy de origen oligarca, y eso tiene sus limitaciones.
El hecho de que a mí nunca me haya faltado nada talvez
haya relativizado mi visión de las cosas. Pero también
es cierto que a la oligarquía la conozco de adentro
y sé, efectiva, concretamente, cuales son sus corrupciones.
De todas maneras a mí no me falta absolutamente nada,
pero trato de que me sobren cosas.
_¿Cuáles son sus carencias afectivas?¿No
se siente frustrado como hombre?
_ No me siento frustrado en absoluto. Pienso que desde el
momento en que contraje el compromiso de ser célibe
ante Cristo y ante la comunidad me debo a él. Por
supuesto el celibato presume una lucha cotidiana. No solamente
la lucha en cuanto se refiere al impulso sexual sino en
cuanto a la soledad. El problema profundo no es el de la
ausencia de contacto carnal, sino la soledad, así,
simplemente. Esa es una tensión que vivo permanentemente
y por la cual tengo que estar muy sobre mi mismo porque
fácilmente se puede desvirtuar mi afectividad.
_¿Ese es uno de los principales conflictos que
originó el éxodo de sacerdotes de la Iglesia?
_ Pienso que no, que las raíces de la crisis sacerdotal
está en otro lado. Pienso que el sacerdote se siente
inútil en muchos lugares; es decir: ha perdido el
sentido de su vida. Para mí el sufrimiento más
grande que puede tener un ser humano es sentirse demás
y eso es lo que le pasa a muchos curas.
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