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César
Sandoval: sociólogo y vecino de Palermo
Una semblanza de Tierra del Fuego
Vivo en Río Grande Tierra del
Fuego , trabajo como sociólogo,
y quisiera compartir con ustedes algunas consideraciones
que tal vez resulten interesantes como información
y analogía: Tierra del fuego está
dividida por la cordillera de los Andes, y Ushuaia
es la única ciudad argentina, trasandina.
Pero esa cordillera no sólo separa en
ese aspecto sino en muchos más. Ushuaia
tiene un espíritu de metrópoli;
la gente de la capital de Tierra del Fuego piensa
como los anillos de papel que se colocan en
las valijas de los vuelos: Ush Bue
Cancún ( o EE.UU. o algún punto
de Europa), mientras que Río Grande es
una ciudad patagónica por excelencia:
mira hacia la meseta, hacia los cruces (tanto
el de la cordillera como el del estrecho para
cruzar en una balsa hacia el continente), y,
además, sufre potencializados
- de los mismos males que sufre el país.
Como ejemplo, los índices de desocupación
de ambas ciudades tienen una diferencia de casi
un 10% real.
Mientras Ushuaia está dedicada plenamente
al turismo y allí funciona el gobierno
provincial con la consabida cantidad de agentes
que supone, Río Grande, por su lado,
fue atravesada, con mayúscula, por lo
que devastó al país; así
fue que hace ya más de 20 años
una ley de exención y fomento trajo capitales
privados tanto nacionales como internacionales-
que implantaron fábricas (sobre todo
de electrónica) y con ello sobrevino
la gran afluencia de personas de todas las provincias
del país que se sumaron a ciudadanos
chilenos, uruguayos, bolivianos, etc. , mas,
cuando esa actividad dejó de ser redituable,
se levantaron las fábricas a una velocidad
social pasmosa, y quedaron miles
de familias abandonadas y en manos del estado,
ya sea municipal, provincial o nacional.
El viejo cuento perverso se volvió
a reiterar: aquella vez era el Estado en cualquiera
de sus manifestaciones el culpable de que las
cosas no funcionaran y por eso debía
achicarse y dejar el paso a la acción
privada y es el Estado, hoy, de nuevo el responsable
y el que debe hacerse cargo del tendal que dejó
el capital privado.
El resultado es que en Río Grande andamos
cerca del 33 % de desocupación real.
A eso se le suma que es una Ciudad aislada y
que toda su concepción urbana y social
fue construida en función de lo serial,
de la réplica sin fin, ya al inicio,
cuando constituía un enclave militar,
como, luego, una gran fábrica
con áreas obreras (edificios de departamentos
con un alto grado de hacinamiento) y áreas
profesionales (casitas tipo plan de vivienda).
Ahora, esta Gran Fábrica, ha dejado de
funcionar como tal: entonces estamos en serios
problemas, ya que tanto el cuerpo
como la cabeza de la ciudad
había sido formateada para
ello. .
¿Y qué sucede cuando forma,
actitud y funcionamiento se separan?
Comienzan, al menos por estas latitudes, a estallar
cientos de conflictos y maneras de violencia
inéditas e inesperadas. Esta crisis profunda
que atraviesa a toda la comunidad de Río
Grande, esta transición poderosa hacia
quién sabe qué, es también
un momento que puede ser trascendente e indicar
un camino posible y no sólo para Grande
sino para el resto del país.
Agrego, entonces, otra certeza que me acompañó
desde que conocí la isla: este lugar
es un reloj que adelanta: muestra un posible
camino para un espacio-tiempo argentino en todo
sentido, ya que acá conviven personas
de todas y cada una de las provincias del país
que aportan sus idiosincrasias, costumbres,
fiestas, formas de relacionarse, historias...
y es desde el quehacer mestizo, cultural, como
se van definiendo direcciones, sentidos, y el
destino.
La ventaja enorme es que acá todo es
lo que parece, es descarnado, en carne viva,
y es por ello que, aquello que definamos entre
todos, contendrá un elemento clave: una
decisión sin impostura.
César Sandoval
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