Al periodismo barrial
le cuesta más cobrar la publicidad
oficial que producir sus publicaciones
A
pesar de que en febrero de este año
comenzaron a recibir publicidad oficial, los
Medios de Comunicación Vecinales deben
esforzarse más para cobrar los avisos
gubernamentales que para escribir, diseñar,
publicar, emitir e imprimir sus propios periódicos.
Se sigue cumpliendo así el "estigma
de periodismo barrial", que comenzó
con la sanción de una ordenanza que
tardó cinco años en ser reglamentada
y culmina ahora con las dificultades mencionadas
para hacer efectivas las órdenes de
publicidad
El 23 de enero de este año, el Gobierno
porteño, a través de la Subsecretaría
de Comunicación Social, cuyo titular
es Daniel Rosso, le dio forma al Registro
de Medios Vecinales al definir la lista de
medios de comunicación que lo integrarían.
Se abría así una nueva etapa
para los medios barriales, que hasta ese día
recibían con cuentagotas la publicidad
oficial.
Desde entonces, los 44 medios de comunicación
de los barrios porteños que conforman
el registro -30 medios gráficos, 10
medios digitales y cuatro radiales- cuentan
con publicidad oficial en sus páginas
y la felicidad inundó por un tiempo
los rostros de los esforzados periodistas.
Pero, a medida que pasa el tiempo, las sonrisas
fueron trocándose en muecas de preocupación.
Es que, varios meses después de la
creación del Registro, las cuentas
se pagan con cuentagotas y los periodistas
-que nunca fueron ricos- ven pasar cada vez
más cerca las guadañas de los
acreedores.
Por estos días se escuchan algunas
voces que, lejos de la felicidad inicial,
van mutando de la alarma inicial a una indignación
cada vez mayor. La pregunta generalizada es:
"¿de esta manera les pagan también
a los multimedios, o esto es sólo una
verdugueada para los medios chicos?".
Esto viene a cuenta porque la Ordenanza NÜ
52.630 por medio de la cual se creó
el Registro de Medios Vecinales fue sancionada
en 1997, pero se reglamentó recién
el 23 de julio de 2002, por medio del Decreto
NÜ 796, que firmó Aníbal Ibarra.
Durante esos cinco años, los periodistas
barriales se esforazon vanamente para revertir
la indiferencia oficial, que finalmente quebró
el actual jefe de Gobierno con sólo
una firma.