|
A
VECES, LA COMUNICACION PARECE NO TENER FIN...
Cada vez más usuarios se preguntan cómo
cortar el intercambio de e-mails

Poner fin a un intercambio de e-mails debería
ser tarea sencilla: simplemente no se responde y listo.
Pero, si es tan fácil, ¿por qué
tanta gente termina atrapada en el limbo del e-mail,
recibiendo y enviando confirmaciones, repitiendo cosas
que ya dijo, multiplicando los ÏGraciasÓ, los ÏDe
nadaÓ, los ÏGracias otra vezÓ y, sobre todo, los ÏNo
hay problemaÓ? Algunos atribuyen el problema a una
falta de contexto y expresión, que lleva a
la necesidad de responder una vez más. Cuando
el intercambio se prolonga, los involucrados se sienten
fastidiados. Y si lo cortan, se sienten culpables.
El
intercambio de mensajes de correo electrónico,
un sistema de comunicación supuestamente tan
poco invasivo y, a la vez, tan veloz, tiende a prolongarse
hasta el hartazgo. Es que resulta imposible enviar
esas sutiles señales subconscientes, como mirar
el reloj, sacudir el llavero y mirar hacia la puerta
que, en la interacción física indican
que llegó la hora de irse. El e-mail no permite,
tampoco, los besos ni los saludos de despedida. Y
su intercambio puede terminar, incluso, de una manera
sobresaltada y abrupta.
Este tipo de comunicación, dice Margaret McLauglin,
profesora en la Facultad de Comunicación de
la Universidad de Southern California, Estados Unidos,
se caracteriza por la Ïausencia de pistas contextuales
que reduzcan la ambigüedad sobre el significado
del discurso y el estado de la relaciónÓ. En
una conversación online, a menos que se utilicen
mensajes instantáneos en tiempo real, Ïhay
muy pocas justificaciones externas que permitan interrumpirla.
Es difícil encontrar un equivalente a decir
adiós o colgar el teléfono. No hay convenciones
que indiquen que un intercambio de mails se terminóÓ,
dice McLauglin.
En una conversación, en cambio, la gente se
despide apelando a Ïuna secuencia de acciones bastante
convencionales que se desarrollan de una manera predecibleÓ,
dice McLauglin. Se puede resumir la conversación,
ofrecer una razón para terminarla, intercambiar
cumplidos o formular Ïfrases de continuidadÓ, del
tipo ÏNos vemos prontoÓ. Mark Knapp, profesor de comunicación
en la Universidad de Texas, EE.UU., agrega: ÏEn un
intercambio de e-mails, tomar distancia de alguien
y, a la vez, señalar que esto no implica nada
negativo es una operación difícil, especialmente
si las partes no se conocen bienÓ. Sin pistas verbales,
la gente se confunde.
Claramente, la falta de respuesta pone fin a la comunicación.
ÏEl silencio es un indicio de que una conversación
terminóÓ, dice Sean Rintel, estudiante de sociología
de la State University of Nueva York, EE.UU., quien
investigó las primeras frases, los cierres
y los silencios en la comunicación. Pero, en
el e-mail, el silencio es un dato ambiguo. Podría
significar una infinidad de cosas, desde ÏLa pava
está hirviendoÓ hasta ÏConocí a alguien
mejor con quien intercambiar mensajesÓ. También
hay maneras más cobardes de poner fin al diálogo,
como decir que se descompuso la computadora. ÏSiempre
se le puede echar la culpa a la tecnologíaÓ,
ironiza Rintel.
Según los expertos, el status social de los
interlocutores es el factor más determinante
a la hora de decidir quién pone fin a la comunicación.
Por lo general, es la persona que tiene el rango más
alto y muy rara vez la interrupción queda a
cargo de aquel que, por ejemplo, está buscando
empleo. La doctora Susan Herring, profesora adjunta
de ciencias de la información de la Universidad
de Indiana, EE.UU., dice que el final de los e-mails
es ÏbruscoÓ. Hasta los mensajes instantáneos
se prestan a un proceso de desvinculación gradual,
pero con el e-mail no hay matices: ÏUno responde o
no respondeÓ, dice Herring.
Amalia Zea está entre las que no responden
y es consciente que eso incomoda a la gente. Recibe
unos 100 e-mails por día y sólo responde
unos pocos. Su silencio fuerza a que le sigan enviando
mensajes, por lo que, finalmente, termina respondiendo
algo así: ÏRecibí sus mensajes y no
se los respondíÓ. Para Zea, el e-mail debería
tener un uso principalmente comercial. ÏLa gente lo
considera una herramienta social, pero yo, ni siquiera
tengo e-mail en mi casa. No lo quieroÓ. Incluso, a
sus amigos que la contactan por esa vía, ella
les responde por teléfono. ÏEs mejor... Al
menos le estás hablando a alguien...Ó
© The New York Times
Traducción de Claudia Martínez
|